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Con un documental y un álbum musical se rinde tributo al compositor Chocoano, ‘El Brujo’

Con un documental y un álbum musical se rinde tributo a Alfonso Córdoba, El Brujo, uno de los más grandes juglares del Pacífico. Fue el último testimonio que dejó antes de morir este compositor, investigador y artesano, nacido en Quibdó, recordado por temas como ‘Son cepillao’.

A bordo de una pequeña embarcación, Alfonso Córdoba, El Brujo, navega las aguas del río Baudó, su gran maestro. Viaja enfundado en su inseparable boina y bajo el ala de una sombrilla que lo protege de la canícula de la selva chocoana. Lo vemos así, tan tranquilo, con su imagen de gran gurú, con esas canas en sus sienes, bigotes y cejas que contrastan con su piel oscura y esa mirada vivaz y profunda que refleja la sabiduría de más de siete décadas dedicadas al arte.

Entonces habla de su padre Salomón Córdoba, un boga de mil quilates, buen contador de historias y cantor que allá por la década de 1940 le inculcó el amor por el folclor y la cultura; habla, también, de la magia de sus propias manos que lo convirtieron en el mejor orífice del país; de los disfraces con los que engalanó los carnavales de San Pacho y en los que plasmaba toda su crítica social; de sus más de 800 canciones, plagadas de amorosa y valiente poesía y, cómo no, de eso sueños inconclusos, por los que luchó hasta su muerte para hacerlos realidad.

Da Vinci Negro

Así comienza el documental ‘Rapsodia Negra’, retrato de Alfonso Córdoba, El Brujo, un ambicioso proyecto del director bogotano Lucas Silva y del productor cartagenero Najle Silva, que se convierte a la postre en el último testimonio que dejó uno de los más grandes juglares del Pacífico, antes de morir a los 83 años, ese triste 26 de julio del 2009.

El audiovisual, realizado por Hollywoodoo Films, muestra parte del legado de quien fuera llamado ‘el Da Vinci Negro’, el de sus canciones que tantas alegrías le dio a los colombianos, pero también sus investigaciones sobre la tradición folclórica de su región.

Córdoba fue llamado El Brujo por su sabiduría para ejecutar las más variadas artes; sus canciones quedaron grabadas en el corazón de su comunidad.
Ahí nos dejó su ‘Son cepillao’, inmortalizado por Guayacán Orquesta, su ‘Negrito contento’, ‘El piloto’, ‘El cazador y el armadillo’, ‘La pataleta’ y, desde luego, los sentidos versos de su ‘Nostalgia africana’ que como un himno resuenan en el Pacífico: “Por qué, me pregunto por qué/ Hoy se ve negro mi color / Si el algodón que yo sembré / jamás tiznado germinó / Y el oro que al suelo arranqué / Mas rutilante se tornó”.

Defensor de lo afro

Desde muy joven, Lucas Silva ha sido un estudioso y activista defensor de la cultura afro en nuestro país. En 1997 fundó en París el sello Palenque Récords con el que ha producido documentales como ‘Los reyes criollos de la Champeta’, uno de los primeros en mostrar esta expresión popular de la Costa Caribe, además de ‘Los hijos de Benkos’, homenaje al percusionista Paulino Salgado ‘Batata’, así como la serie de discos de ‘Champeta criolla’, del grupo de músicas fúnebres de la Costa Norte, ‘Las alegres ambulancias’, ‘Sexteto Tabalá: Reyes del son afro-colombian’, entre otros.

Desde entonces entendió que en el país había una generación de portadores de la tradición que estaban en avanzada edad y cuyos legados era necesario documentarlos para las generaciones futuras.

Por eso, cuando en 1996 supo por primera vez de la existencia de Alfonso Córdoba Silva quedó hipnotizado por el enorme talento de El Brujo. El realizador no logró sacarse de la cabeza las imágenes que vio del folclorista en un documental de ‘Rostros y Rastros’, dirigido por Gerardo Otero, en el que interpretaba algunas de sus canciones. Nunca había visto un artista así con esa expresión de su cantar y con tanta riqueza en su poesía.

Desde entonces lo buscó hasta que lo encontró en el año 2000 en Bogotá. Lucas supo que debía emprender un proyecto para hacer una película y grabar música de este genio del Litoral. “Cuando lo conocí me di cuenta de que era un genio incomprendido. Era una biblioteca humana porque, sin proponérselo, fue un gran antropólogo, que investigó el folclor y la cultura de su región. No quería que él se nos fuera con sus secretos y sus pensamientos críticos guardados, sino que dejara esa herencia para el mundo. No se trata de alagar a una persona por que sí, sino que sus creaciones son un referente de inspiración y su belleza nos toca el corazón a todos. El documental entonces es una ventana para que todos podamos acceder a su obra y gozarla”, dijo el director en diálogo con GACETA.

Genio y figura

Y es que el director recordó que en torno a la vida y obra de El Brujo hay mucho por contar. Mucha gente no sabe que él fue el primer vocalista del Grupo Niche, antes de grabar su primer disco. El Brujo llegó a comienzos de los 80 a Bogotá, junto a Jairo Varela y Alexis Lozano, con su proyecto musical. Entonces se presentaban en lugares como Ramón Antigua y la Teja Corrida. Luego, algunas de sus composiciones fueron grabadas por Niche y Guayacán.

Según Lucas Silva. El Brujo fue uno de los primeros en recuperar los diversos Kileles, esos cantos de laboreo que se daban por las riveras de los ríos chocoanos, al igual que investigó los cantos fúnebres.

Najle Silva, por su parte, conoció a El Brujo en el 2006, en una fiesta de cumpleaños de su socio y amigo Lucas Silva en Bogotá. Desde ese instante, este fotógrafo y productor sintió una gran conexión por su arte. “Me impactó su calidad compositiva y su sensibilidad musical, que no tenía que envidiar en nada a las grandes creaciones afro del Caribe y del Pacífico. Por eso compartí con Lucas el afán por documentar su legado”.

Contra el reloj

Aunque fue fraguado varios años atrás el documental sólo logró concretarse justo cuando la vida del juglar de la selva comenzaba a declinar por los quebrantos de salud. Lucas y Najle se vieron entonces en una carrera contra el reloj para conseguir plasmar en imágenes y sonido el legado de El Brujo.

En el 2007, productor y director se radicaron en Cali y comenzaron a trabajar en el proyecto, tocando puertas en diversas instituciones para conseguir apoyo.

Un año después El Brujo fue homenajeado por el Ministerio de Cultura con la Gran Orden al Mérito Cultural y por el Festival Petronio Álvarez en Cali.

Pero entonces la salud del juglar chocoano sufrió un fuerte revés. El músico chocoano Alexis Lozano lo acogió y fue durante ese tiempo que el director de Guayacán comenzó a producir un disco con canciones del maestro Córdoba y hoy también está próximo a salir.

Sólo hasta el 2009 Lucas y Najle consiguieron apoyo del Fondo para el desarrollo Cinematográfico, para su proyecto. Para ese momento el folclorista se había trasladado a Quibdó y hasta allá se fueron los realizadores para vivir, durante un mes, en la casa del maestro.

De acuerdo con el productor, primero hubo un acercamiento sin equipo de producción para hacer la investigación. De este modo pudieron establecer cuáles eran las preguntas concretas que debían hacer en el documental.

Así fueron surgiendo los ejes temáticos, como su niñez en el tradicional barrio La Yesquita de Quibdó, los viajes con su padre por el río Baudó y su vida en Barranquilla, narrada por el propio Maestro y por personas que lo conocieron y compartieron con él.

También en ese proceso los realizadores pudieron palpar las difíciles condiciones en que vivía el gran juglar y su familia. Esto le causaba gran desazón. “Pero a pesar de esas duras circunstancias él siempre trató de enfocarse en su deseo de dejar su legado y tratar de realizar sus proyectos. Fue un hombre de una gran dignidad que estuvo lúcido hasta el final de sus días”, agregó Najle Silva.

Testimonio

De este modo, el director fue dándole forma al proyecto documental con formato de ‘road movie’ viajando por la memoria del gran maestro, con el deseo de que fuera una especie de testamento cultural y musical de este creador.

Y por eso, explica Lucas, es que lo tituló ‘Rapsodia Negra’, “pensando en el concepto de una suite que es la manera como el maestro tradicional asumía su música, como algo muy épico y muy clásico, pero salido de la selva”.

El deterioro físico de El Brujo fue un reto difícil. “Filmamos hasta un mes antes de que muriera. Nosotros íbamos a regresar, pero él se nos murió. Me dio mucha pena no haber podido conseguir el apoyo para hacer el documental antes. Si así hubiera sido, habríamos hecho algo totalmente diferente, pues queríamos viajar con él a todos esos lugares donde sucedieron hechos claves de su vida. Por fortuna, pudimos utilizar material de archivo mío y del documental de Gerardo Otero, que enriquecen la visión sobre este hombre”, agregó el director.

De esta manera Lucas opina que contribuye a que El Brujo deje su huella, “en tanto el documental se convierte en un legado que permite a muchos repensar el Chocó, una región de la cual se tiene una imagen muy superficial y nos muestra con su obra cómo ha trascendido la cultura y el folclor chocoano desde La Colonia hasta hoy”.

Si bien una versión aún sin editar completamente ya se ha presentado en ciudades como Bogotá, Quibdó y Cali, los realizadores planean estrenarlo en junio próximo con una edición de lujo que contendrá el DVD del documental y un CD con el disco. El trabajo se publicará en Francia y Colombia. “Queremos distribuirlo en bibliotecas y librerías y presentarlo en festivales internacionales. Pero sobre todo llevarlo a su Chocó nativo, para que en sus pueblos se convierta en un aporte para las nuevas generaciones”.

Haber podido entablar una amistad tan entrañable con este mítico personaje y realizar el proyecto del documental y del disco fue una experiencia aleccionadora para Lucas Silva. “Me dejó una visión más completa de lo que es el Chocó. También me enseñó una actitud frente a la vida y respecto de la ambición artística. Aprendí de su proceso creativo, de cómo buscaba trascender en el arte, en aspectos que ahora parecen tan triviales, pero a los que él conseguía darles otro giro. Este trabajo lo hice con mucha pasión, con el deseo de que la gente disfrute lo que él representa para todos nosotros”.

Fuente: El Pais