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El Chocó que me duele



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No sé por dónde comenzar; pero como chocoano, es triste mirar a mí alrededor y no sentir tristeza, dan ganas de llorar. El Chocó que me duele, no tiene agua potable, la salud agoniza, enfermarse es ver la luz al final del túnel, la delincuencia pan de cada día, respuesta social a la falta de oportunidades laborales, acceso a educación de calidad y pobreza, hambre. El Chocó que me duele es uno de los departamentos en Colombia con un alto nivel de desplazamiento forzoso a causa del conflicto armado, El Chocó que me duele tiene presentó en el 2014 un índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) del 81%, el Chocó que me duele es vendido a las multinacionales y devastado por la minería, el Chocó que me duele aún, después de 67 años de fundación, no tiene pavimentado las dos vías de acceso terrestre al resto del país, es vergonzoso. El Chocó que me duele es uno de los departamentos con mayor índice de corrupción; es poco o nada, para su realidad.

Para nadie es un secreto el desarrollo vial de otros departamentos, como Antioquia, Valle, entre otros, donde hacen obras de alta ingeniería que requieren del aval, apoyo y financiación tanto nacional como internacional de muchos entes, para poder ser llevado a cabo y el Chocó no ha podido culminar la pavimentación de sus dos vías de acceso, Quibdó-Medellín y Tadó-Pereira.

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El político corrupto, no debería pagar dos, tres o por mucho cinco años de casa por cárcel, como suele pasar en el departamento, también debería pagar por todas esas vidas humanas a la que su codicia le quitó la oportunidad de contar con unos servicios médicos que pudieron haberle salvado la vida, debería pagar por el daño causado por acción u omisión, al no garantizar, ni brindar las herramientas necesarias para una educación de calidad y fácil acceso, debería pagar por todas las vidas que ha cobrado no tener las dos vías de acceso al interior del país pavimentas y con las reglamentaciones correspondiente, debería pagar por hacer uso de la triste realidad del Chocó para beneficiarse económicamente de los proyectos humanitarios, de desplazamiento, tierras, paz, hambre, vivienda, salud, educación y demás, en los que hace parte el departamento y que nunca llegan a las personas que lo necesitan o en su efecto no se culminan.
Es irónico ofenderse y salir a defender al departamento frente a crudas realidades, cuando expresan por ejemplo, “lo mando pal´Chocó” o ésta aun peor, “invertir en el Chocó es como perfumar un bollo” cuando de nosotros mismo depende que no sea así como otros lo expresan; nadie de afuera, va a venir hacer, lo que por mucho tiempo no hemos podido hacer nosotros mismo y si queremos que nos vean diferente, pues hagamos del Chocó eso que no queremos que digan; y si, es irónico, porque de nosotros depende. Chocó un pueblo indolente. Basta ya de esa excusa de salir a decir a los medios nacionales que es que al Chocó el gobierno lo tiene en el olvido, cuando nosotros mismo lo tratamos como si no lo habitáramos. Nadie va a venir a querer hacer del Chocó, lo que no hacemos nosotros que somos quienes lo habitamos. Además, hay otros departamentos que reciben de parte del gobierno menos apoyo financiero y no están en la situación en la que está el departamento.

Ese Chocó que hoy me duele, puede ser el Chocó de muchas alegrías, no solo las de la fiesta de San Pacho, sino que puede ser ese departamento que se destaque por la eficiente administración de los recursos públicos, por la construcción de escenarios de futuro que permitan que la economía se dinamice, se fortalezca y le abra las puerta a la producción y comercialización de más bienes y servicios, por contar con servicios de salud de tercer nivel, carreteras competitivas que disminuya el costo de las importaciones y exportaciones, oportunidades laborales que disminuyan la tasa de desempleo, etc.

Esas si son las alegrías, que el Chocó quiere ver en los rostros de quienes hoy lo habitamos.
Quien los saluda,

Divier Perea.
Un Chocoano más al que también le gusta la chirimía.

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