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Los afro son una población que se hace sentir en Medellín



afros
l MingaLAb, que organiza Manos Visibles y Acdi Voca, en Medellín y Quibdó, se realiza hasta este 29 de enero. Son 16 comunidades afro de todo el país que recorren sitios de interés y analizan su situación. FOTO JAIME PÉREZ

Su presencia no pasa desapercibida, aunque preferían que lo fuera. Los representantes de 16 organizaciones afrodescendientes de Colombia caminan por las calles del Centro de Medellín sin disimular su arraigada y cultural alegría. Se roban toda la atención.

Y lo saben. Perciben las miradas a su paso. Unas de sorpresa, muchas de admiración. Aún son novedad, y sorprende porque son casi el 12 por ciento de la población de Medellín. Más de 236.000, según el más reciente censo.

¿Entonces, por qué nos miran como bichos? Se pregunta Eny Cerón, una tumaqueña de pelo corto que pareciera bailar mientras habla, como si cada sílaba fuera un acorde musical de las música del pacífico que lleva en su sangre.

Ella, junto a una veintena de chicos y chicas afrodescendientes de diferentes regiones de Colombia, buscan la respuesta mientras recorren el parque Explora, el metro, Moravia y las esculturas del maestro Fernando Botero, en Plaza Botero.

Hacen parte del MingaLab, un encuentro de saberes y tradiciones que se lleva a cabo, de manera simultánea, en Medellín y Quibdó, con el objetivo de rescatar la identidad de esta cultura, de visibilizarla y, de una vez por todas, desaparecer los fantasmas del racismo y la discriminación.

Darle respuesta a Eny no es tarea sencilla para quienes se esfuerzan por hacer valer los derechos de la población afro. Jorge Melguizo, exsecretario de Desarrollo Social de Medellín, y uno de los coordinadores del MingaLab, ha dedicado los últimos cuatro años a hacerlo.

“Durante estos días, recorriendo la ciudad con ellos (los afro) nos miran como cosas raras. Preguntan: ¿estos de dónde son? y no tendría por qué ser extraño en Medellín”, explica.

Melguizo, recalca que hay una vulnerabilidad mayor de la población afro en Medellín y, enfatiza, que todavía no son prioridad en el presupuesto público, a pesar de que se han hecho cosas.

“Es incomprensible que en Medellín aún no se les dé, por parte de las administraciones y ciudadanía, la importancia a los afro cuando esa población en esta capital es más grande que la de Quibdó, que tiene 160.000 habitantes, o que la de Tumaco, o hasta la de Buenaventura, que viene casi acercándose a los 250.000”, aclara.

Población vulnerable

Si bien, en diciembre pasado el Concejo de Medellín aprobó la política pública para la población afrodescendiente, falta que el alcalde, Federico Gutiérrez la sancione y le dé aplicación.

Por ahora, ya el tema hace parte de la agenda de la administración municipal en su proyecto de Plan de Desarrollo que entrará a estudio en el mismo Concejo.

José Lectamo, director de Negritudes de Medellín, asegura que permanentemente viene reuniéndose con el Consejo afro de la ciudad para acordar la hoja de ruta.

“Contamos con el respaldo del programa de Afrodescendientes e Indígenas de la Agencia de Cooperación Internacional. Ellos aportan recursos y pagan un personal para levantar datos”, indica.

El funcionario, al tiempo que destaca los avances en cobertura para las minorías, acepta que en la ciudad no se ha logrado reconocer que las poblaciones afro son fundamentales para el desarrollo de la sociedad.

“Hay instituciones que no se han adecuado para prestar un enfoque diferencial en temas de afrodescendientes. Esta población no solo es rica en cultura, tiene deficiencias en servicios básicos y deporte”, añade Lectamo.

Cómo viven en Medellín

Los más de 236.000 afrodescendientes de Medellín viven, la mayoría, en las zonas más marginales de la ciudad y tienen dificultades para acceder a la educación.

Apenas el 36,8 por ciento de los hogares constituidos por integrantes de esta población son propietarios de las viviendas y casi el 31,2 por ciento recibe un salario mínimo.

El 63,7 por ciento está afiliada a régimen subsidiado, lo que para Lectamo representa que más del 50 por ciento no es cotizante, y son personas desempleadas.

“Esta nueva administración debe reglamentar la política y ahí debe quedar especificado cuál es la partida presupuestal que se destinará a ellos para que se mejoren sus condiciones”, acota Lectamo.

La mayor parte de la población afro de la capital antioqueña está asentada en la comuna 13, principalmente en barrios como El Salado.

También se encuentra gran parte de esa población en el corregimiento de San Antonio de Prado y en Moravia (El Oasis), Calasanz, Villa Liliam y Villa Turbay (comuna 8) y en el Ocho de Marzo (Comuna 9), así como en un sector llamado Chococito, en El Raizal de Belén Rincón y Nuevo Amanecer, de Altavista.

“En casi todos los sectores de la comuna 13 hay afros. Allí se ha dado un ejercicio interesante de transformación de esa población, de la mano con la creación de organizaciones y colectivos de gran reconocimiento en el país como Son Batá”, dice Lectano.

Persiste la discriminación

Con detenimiento, Katerine García, observa los murales del maestro Pedro Nel Gómez, en el Parque de Berrío.

Se interesa por la obra artística y se impresiona por que a pesar del progreso jalonado por el metro sigue en ese lugar. Es abogada, y tuvo la posibilidad de estudiar derecho en su natal Quibdó.

A pesar de, a sus 24 años, ser una profesional reconocido y con talento valorado por la misma directora de la fundación Manos Visibles, la exministra Paula Moreno, es una voluntaria.

“He enviado 15 hojas de vida para trabajar en diferentes empresas y no me han contratado”, confiesa, aunque le resta importancia a que el filtro para no obtener los empleos sea por su raza.

Pero, al igual que Katerine, Eny, sabe que tener trabajos de alto nivel en las grandes capitales del país representa vencer obstáculos que tienen tintes de discriminación.

“Uno se da cuenta que es negro, hasta que sale de su ciudad natal”, sentencia Eny.

Esa realidad no la ocultan ni Melguizo ni Lectano. Con vergüenza la confirman y no se detienen en su lucha para acabar con lo que llaman el complejo racista antioqueño, aquel que dio vida a abominables frases como “negro ni mi caballo”, o trabajando como negro”

Fuente:  EL COLOMBIANO / POR VÍCTOR ANDRÉS ÁLVAREZ C

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